viernes, 16 de mayo de 2008

EL SONIDO DE UNAS GAITAS


Una estancia apenas iluminada.

El sonido de unas gaitas trae a la memoria un concilio, una celebración.
Risas niñas y vozarrones, de hombres barbudos y tenaces. El perfume de robles milenarios, como la historia de este pueblo de pastores, al que regreso, invitada por quién sabe qué conjuro.

Doncellas de túnica blanca, sus cabezas adornadas con flores de azahar, perfumadas coronas de hojas verdes de hiedra.
Un druida, dueño de toda sapiencia, da el veredicto.-“Nunca mujer sin casta, pastora tosca como la colina que mira al mar, desafiará a los Dioses”-
En el bosque ellos gritan su ira, lo dice el tronco del árbol más antiguo, cuando el sacerdote abraza su corteza.
La pastora no se subleva, no rivaliza, no es guerrera, no nació para la contienda.
Sólo moja su rostro con saladas lágrimas, como el mar que la espera.
El sonido de unas gaitas me devuelve y una estancia apenas iluminada me retorna.


.........................................................................................................Beatriz Martinelli

2 comentarios:

liliana varela dijo...

Beatriz: qué bonito sitio que no recuerdo haber visitado antes; me encanta señora, una maravilla como todo lo que leo de usted.
besos
Liliana

Manuel Cubero Urbano dijo...

Todo suena a poesía en tu blog, Bea.
Manolo